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DOCENCIA Y TECNOLOGÍA

 

NUEVAS TECNOLOGÍAS Y FORMACIÓN DOCENTE

Jorge Eduardo Noro

  1. Los alumnos que inician su carrera de formación docente y son egresados/2007 del polimodal o nivel medio han nacido a fines de los 80 y han crecido en un contexto político, económico, social, educativo muy cambiante e incierto y tecnológicamente innovador y en continua expansión.
  2. Muchos de estos alumnos provienen de hogares cuya una cultura escrita (letrada), sólo ha sido la escolar, porque posteriormente no han recibido nuevos aportes y alimentos (nuevas alfabetizaciones), mientras la casa era invadida de manera creciente por medios tecnológicos: diversas ofertas de radios, televisión (multiplicadas en canales y en número de aparatos) video, dvd, cd, celulares, mp3, computadoras. En el ámbito familiar y doméstico, los medios no han competido con los libros, sino que los han sustituido.
  3. La logosfera de la modernidad – lineal, discursiva, racional, ordenada, lógica, con encadenamiento causal o sucesión temporal, con un uso particular de la mirada, del oído y de la percepción – ha dado lugar a la iconosfera de nuestros días que trabaja con otros códigos: predominio de la imagen, pluralidad de ventanas, hipertextos, variedad en las actividades, diversos focos de atención, rapidez, fugacidad, atención difusa, oído ocupado, memoria frágil, datos dispersos.
  4. Las escuelas – salvo excepciones – no han incorporado las innovaciones tecnológicas de los últimos veinte años. Mientras que, en el pasado, la escuela moderna fue posible porque una innovación tecnológica como el libro fue el instrumento clave para la puesta en marcha de la “máquina de educar”, la escuela de nuestros días tarda demasiado en apropiarse de los avances, en deshacerse de sus tradiciones, en procesar educativamente las riquezas de los medios y los nuevos soportes de creación, archivo y transmisión.
  5. Los chicos y adolescentes que concurren a las escuelas (como los que ingresan a las carreras de formación docente) no han esperado que alguien rompa los muros escolares para hacer ingresar sus recursos tecnológicos. Ellos mismos han roto los muros (como en la película de Pink Floyd), han aprovechado las grietas y han ingresado El problema radica en que los chicos han roto los muros de la escuela, porque llevan dentro de sí - han subjetivado - todo lo que les pertenece, sin esperar que la escuela habilite los nuevos lenguajes o recursos. Mientras que, durante siglos, la escuela era la agencia del cambio y la innovación en el conocimiento y la cultura, en nuestro tiempo permanece alejada de los mismos.
  6. Los alumnos saben que muchos de sus docentes son analfabetos en las innovaciones tecnológicas y que no pueden manejar con solvencia, rapidez y creatividad los medios disponibles. Por lo tanto, pensar en los medios y en las propuestas tecnológicas significa poner en marcha una nueva alfabetización, pero NO de los sujetos que aprenden, sino de los sujetos que enseñan, o de quienes se van a desempeñar en la docencia. Esta alfabetización significa tratar de incorporarlos, de entenderlos, de de-codificarlos, de articular sus lenguajes.
  7. Es una experiencia escolar frecuente observar que los docentes se espantan cuando comprueban las lagunas de contenidos culturales o informaciones básicas en sus alumnos: con la mayor naturalidad reconocen que desconocen cuestiones fundamentales y obvias para las categorías de los adultos. Pero hay una experiencia simétrica cuando los docentes o los adultos pretendemos asomarnos al universo de los alumnos: allí somos nosotros los ignorantes, los que desconocemos las cuestiones obvias, los códigos imprescindibles, los otros universos.
  8. Los docentes no nos debemos convertir en especialistas, en expertos. Tampoco podemos pretender que los futuros docentes lo sean. Se trata de ser “entendidos”, curiosos, inquietos, a quienes nada nos resulta extraño ni ajeno, usuarios que sabemos como funcionan los lenguajes, porque todos esos “saberes” nos permiten enseñar mejor, asignar trabajos, formular consignas, descubrir nuevos horizontes.
  9. Si nosotros nos alfabetizamos, esa alfabetización vuelve en riqueza para los alumnos, porque nuestro compromiso consiste en volvemos articuladores de lenguajes múltiples, en una amplia inter-textualidad. La escuela no debe convertirse en una fiesta tecnológica, ni los docentes en animadores culturales, electrónicos o digitales. Los profesores debemos conservar nuestro lugar pero con una mirada amplia y generosa que sale al encuentro de las novedades, armados por con los conocimientos propios y genuinos, y con su capacidad de co-relacionar tanta riqueza de conocimientos e información.
  10. Un futuro profesor debe iniciarse en este nuevo estilo: debería integrar su capital cultural con los nuevos medios… y si no puede disponer de todos los recursos en su medio, debe tener un Instituto Superior y sus profesores formadores que lo inicien. No se trata de tener sólo bibliotecas actualizadas, sino de tener disponibles todos los demás recursos y de saber cómo acceder a ello.
  11. Nadie afirma que hay que dejar de dar la propia disciplina, sino de pensar – en algún momento – en utilizar otros recursos, otros soportes, otros instrumentos. Puede suceder que esos nuevos soportes se conviertan – en manos de nuestros alumnos, futuros profesores de una nueva generación - en valiosos instrumentos para atender, entender, aprender, expresarse o producir… ¿Por qué no intentarlo y pensar un futuro diferente?