INICIO        MAPA DEL SITIO       NOVEDADES

Presentación
Inicio
Mapa del sitio
Novedades
El Instituto
Datos institucionales
Autoridades
Personal
Docentes
Centro de Estudiantes
Historia
Ubicación
Biblioteca
Biblioteca digital
Fotos
Fonoaudiología
Académicos
Académicos
Carreras
Cátedras
Espacio de la Práctica
Capacitaciones
Act. Profesorados
Investigación
Formar Docentes
Planes de Nación
C.A.I.E.
Plan Mejora Instit.
Extensión
Escritos de docentes
Docencia y tecnología
Inscripción alumnos
Elaboración
Espacio 127
Trabajos de alumnos
Bicentenario
Legales-informes
Informes
Documentación
Leyes
Curriculares
Resoluciones
Acuerdos internos
Ingreso de docentes
Seminarios
Papelería
Mesas de examen
Comunidad
Enlaces
Comunicarnos
Webmail

 

ESCRITOS IMPORTANTES

INSTITUTO 127: AÑO ACADÉMICO Nº 44.
PALABRAS DE APERTURA = CLASE INAUGURAL

  1. Ustedes – como alumnos - han decidido ser docentes. Y un docente es sobre todo un educador, alguien que toma bajo su cuidado a quienes tiene a su cargo: no los elige, no los selecciona, no los discrimina o los clasifica, sino que simplemente los toma a todos como un compromiso personal. Todos los días, todo el tiempo, con sus buenos y sus malos momentos, sus ganas y sus desganas, sus buenas actitudes y sus reacciones agresivas o irreverentes.

  2. Por eso para ser educador es necesario sumarle a la profesión, la vocación: porque no se trata de una función administrativa, burocrática, rutinaria, sino una función absolutamente humana. Y hay diferencias entre ir a un trabajo y comprometerse con una misión.

  3. La PROFESIÓN nos da los instrumentos para armar nuestro ejercicio docente, para aprender y saber a enseñar (conocimientos), manejar la metodología, disponer de los saberes propios de cada profesorado, conocer y reconocer a los sujetos que atendemos y de los que nos ocupamos, insertarnos de manera habilitada y responsable en el sistema educativo. La certificación de la profesión la otorga el título que remite a una serie de saberes y competencias subjetivas que operan desde el interior de cada uno.

  4. Pero la VOCACIÓN es la actitud docente, la pre-disposición como conjunto de rasgos específicos que se esperan de quienes se dedican a la tarea de educar y de enseñar. La vocación aporta todos los aspectos valorativos y actitudinales.

  5. El primer imperativo que se deben imponer los educadores – con la edad que tengan, sean próximos o lejanos generacionalmente con sus alumnos – es pegar el salto y asumir la función de educadores como adultos. El adulto no añora la inconciencia de la adolescencia perdida, los sueños de la juventud. No vive, ni piensa como lo que fue o lo que gustaría haber sino. Habla y piensa como adulto: construye sus discursos, arma su vida, asume su trabajo y sus responsabilidades desde su rol de adulto educador. Cualquier confusión en este sentido pone en riesgo tanto al educador como a los educandos. Si en lugar de profesor los alumnos descubren y valoran a un simple amigo, esos mismos adolescentes se quedarán huérfanos del educador, padecerán la ausencia de quien debe incentivarlos y guiarlos para el crecimiento, la marcha hacia el futuro que los demanda.

  6. Todo esto no se adquiere mágicamente cuando uno llega al final de la carrera, y se encuentra con las prácticas profesionales, o cuando comienza a trabajar dando clase o me hace cargo de un curso para dar alguna de las materias. Tiene un proceso de construcción progresiva.

  7. Por eso es necesario hablar del descubrimiento y el desarrollo de APTITUDES y de ACTITUDES. Las APTITUDES tienen que ver con la seriedad con que adquieren los conocimientos y procedimientos que los diseños curriculares establecen para la formación docente. Uno decide cómo y en cuanto tiempo hacer la carrera, el profesorado: el tiempo lo pueden determinar a veces las circunstancias… pero el cómo es decisión personal: seriedad o improvisación, estudio o simulacro, todos los temas o algunos, todas las lecturas o resúmenes ajenos, con inquietudes ilimitadas o cumpliendo con lo estrictamente necesario, con pensamiento propio, crítico y creativo o solamente espectadores de lo que nos rodea, creando o repitiendo.

  8. Lo actitudinal se relaciona con lo ético, con las formas de obrar y de relacionarnos, con los valores: no forman parte de un programa, de un examen, de apuntes o fotocopias, pero son imprescindibles para el ejercicio de la tarea. Y lo actitudinal surge ya en el proceso de formación, porque como docente uno cosecha lo que ha sembrado en este tiempo. Hablamos de responsabilidad, honestidad intelectual, cumplimiento de obligaciones, la seriedad, fidelidad a la palabra empeñada, capacidad de relación, normas de buena convivencia: el saludo, la palabra, el tono adecuado, el agradecimiento, el permiso, el respeto, el sentido de la ubicación. Las actitudes son también las virtudes humanas, ciudadanas, los compromisos institucionales y sociales, el saber ocuparse y preocuparse por la tarea de estudiante (y, luego, por la función como docente), el sano sentido de humor, el trabajo, la entrega.

  9. No se trata de poner una materia mas (ética o deontología profesional) sino de llegar al convencimiento – como estudiantes que se preparan para ser docentes – de que todo esto es imprescindible para ejercer con creciente adultez la función docente, porque sin ellas es imposible ejercerlo. Y el deterioro en lo profesional (no sabe, no sabe enseñar, no maneja el grupo) o en lo vocacional (no tiene ganas, no pone entusiasmo, no nos contagia con sus convicciones), en las aptitudes o en lo actitudinal produce dos efectos fáciles y constatables: (1) los alumnos no reciben la educación que merecen recibir (mas allá de las respuestas que como alumnos nos den); (2) la figura de los docentes se des-dibuja, se bastardea y termina siendo ignorada y criticada por la sociedad. Ambas cosas nos pesan como instituto formador.

  10. Las aptitudes no figuran en el título que se entrega: no es una nota, sino una disposición que opera necesariamente desde el interior. Uno puede pasar todos los controles y todas las entrevistas, sin que esta dimensión aparezca… pero en el ejercicio de la docencia, finalmente se muestra.

  11. Por eso, nos proponemos trabajar en esta dirección, todos, con diversos grados de compromisos y responsabilidad: los estudiantes (porque son los que asumen – especialmente en el nivel superior – el protagonismo en la propia educación) y cada uno de los colegas desde lo que hacen: ESPACIO DE PRACTICA, MATERIAS INTEGRADORAS, ESPACIOS DE FUNDAMENTACIONES, CÁTEDRAS DISCIPLINARES… porque también los docentes formadores, los directivos, los administrativos, los auxiliares debemos tener APTITUDES y ACTITUDES. Las primeras para desempeñar cargos y funciones… y las segundas para que nuestro esfuerzo sea efectivo… y eduquemos mas por lo que somos que por lo que decimos.

  12. Nada nuevo afirmar que los estudiantes de las carreras docentes pertenecen a una generación muy distinta de la generación que actualmente ejerce de la docencia (salvadas contadas excepciones). De hecho es un tema que abunda en la agenda de la formación. Pero lo que es necesario remarcar hoy, es que se vuelvan miembros activos de la generación a la que pertenecen para lograr que el bache o el abismo que nos separa de los alumnos que están en las escuelas puedan acortarse. Es necesario insistir en el tema de las nuevas tecnologías. No se trata de un conocimiento superficial e instrumental de las tecnologías, sino de un conocimiento inteligente y estratégico de las mismas. El instituto formado puede haberse equipado con nuevas tecnologías, pero los que deben equiparse son sus docentes y sus alumnos. Son particularmente los alumnos los que deben abastecerse subjetivamente en el uso de esos medios: no se puede ser docente en el siglo XXI (estamos ya en el 2009) sin ser un nativo inteligente y creativo en el uso de las tecnologías con capacidad para relacionarse con alumnos que también lo son o que necesita serlo para no quedarse fuera del mundo. Los saberes de nuestro tiempo deben estar mediados por las nuevas tecnologías y ustedes deben beber por una parte los conocimientos sistemáticos, y por otra parte los recursos tecnológicos de mediación.

  13. En este sentido: el uso las salas de computación y multimedia, de las computadoras, de Internet, de la filmadora, de los televisores y diversos medios de reproducción de imagen y sonido, de los muebles multimedias, uso de diversos tipos de proyectores… deben ser habituales en quienes enseñan (los profesores) y en quienes aprenden (alumnos). No podemos seguir enseñando y aprendiendo, preparando trabajos o exposiciones como se hacían en la década del 70 o del 80, sino que deben ser a tono con las posibilidades del tiempo en que vivimos. La presencia de encargados en cada uno de los lugares facilitará mucho la tarea.

  14. Necesitamos mayor participación de los estudiantes en todo sentido: saber ejercer los derechos como alumnos a partir de la responsabilidad en el cumplimiento de los deberes; suscribir el contrato didáctico (planificación del trabajo anual) que es un acuerdo entre partes; la participación en los organismos previstos por el sistema. Encontrar medios para efectuar demandas justas, preventivas, a tiempo para atender problemas que los alumnos padecen y exigen intervención de los coordinadores de carrera o de los directivos; poner en marcha otras alternativas formativas mas allá de las materias del plan de estudio, las aulas y los horarios establecidos, como forma de ampliar el capital cultural que todo docente debe tener.

  15. Se trata, en suma, de salir del banco, del horario, del aula, de los amigos y compañeros de siempre, de la rutina y encontrar otros lugares, otros interlocutores, otros espacios, otras actividades… que surjan también de los mismos alumnos y que sean tan importantes como las establecidas por el reglamento. Esos “otros lugares” son los que nos permiten descubrir otros valores, cualidades, saberes de los alumnos: además de prepararse para ser profesores, los alumnos cantan, practica deportes, hacen arte, escriben, son poetas, manejan tecnologías, trabajan en diversos lugares, tienen experiencias de vida, han estudiado otras cosas, tienen mucho que decirnos…

Jorge Eduardo Noro

Director

23 marzo 2009